Pelé, periodista

Pelé, periodista

TEGUCIGALPA, HONDURAS
Los dedos de Pelé se posaron hace ahora 52 años sobre una Remington Rand y empezaron a repartir palabras sobre el folio con cierta agilidad, aunque no tanta como la que demostraban sus pies para enviar balones a la red.

Daba igual. La foto era una pose. Solo una manera de demostrar gráficamente que Pelé, según una encuesta reciente el personaje más popular del planeta por delante del general Charles de Gaulle, acababa de convertirse en periodista de la Agencia EFE.

Asomaba 1970. Un año que quedaría para la historia del fútbol y del propio Pelé cuando seis meses más tarde lograse en México su tercera Copa del Mundo, con un equipo dirigido por Mario Jorge Lobo Zagallo. En agosto de 1969 la selección, entrenada entonces por Joao Saldanha -al que antes del Mundial destituiría el régimen militar-, se había clasificado de forma brillante, con seis victorias en los seis partidos de las eliminatorias. Dos goles en contra y veintitrés a favor, seis de ellos de Pelé, de vuelta en el equipo tras despedirse al término del frustrante paso por Inglaterra’66.

EFE había abierto en 1968 su oficina en Río de Janeiro de la mano de Eleuterio Romero. Al año siguiente el director de la empresa, Carlos Mendo, le sugirió que buscase algún tipo de colaboración con aquel futbolista del Santos que se codeaba con jefes de estado y estrellas de cine y al que apodaban ‘el rey’. El mismo hombre que el 19 de noviembre marcaría en el estadio Maracaná su gol número 1.000.

«Cuando vino a jugar a Río fui a su hotel y dije en recepción que quería hablar con Pelé. Se presentó y le pedí una entrevista. Me contestó que cobraba 1.000 dólares», recuerda Romero.

«Yo le comenté que un jugador de tanto prestigio seguramente no solo sabría dar patadas a un balón, sino que también sabría pensar, y le ofrecí que escribiese cinco artículos para EFE sobre el próximo Mundial de México’70».

Pelé prometió hablarlo con su representante, que unos días después se puso en contacto con EFE para aceptar la oferta. Pero con condiciones: 1.000 dólares por artículo, más el pago por cuenta de la Agencia de los correspondientes impuestos. A Romero le pareció excesivo y se negó, pero Carlos Mendo le animó a seguir negociando.

«Me fui con mi mujer y mi hijo de 5 años a Santos y me planté en las oficinas del club. Dormimos en el hall, para que Pelé no se nos escapara», cuenta Romero.

A la mañana siguiente apareció la estrella e intentó despachar al delegado de EFE con un saludo de compromiso: iba con prisa y estaba nervioso porque se había matriculado en unos cursos y tenía un examen de matemáticas. Los quebrados le traían de cabeza.

De pronto, Pelé detuvo su camino, miró a Romero y le preguntó: «¿Usted sabe de matemáticas? ¿Me podría ayudar?».

Se sentaron ante una mesa en el mismo vestíbulo y el periodista planteó en un papel varios problemas matemáticos que resolvió él mismo. El mejor jugador del mundo escuchó atento las explicaciones. Luego, el improvisado profesor ideó unos cuantos ejercicios más que su alumno solucionó con acierto.

Pelé, que tenía entonces 29 años, se marchó al examen y regresó tres horas después con cara de satisfacción. Se acercó a Romero, le dio la mano y exclamó «¡He aprobado!».

«Me alegro», dijo el corresponsal, «pero ahora vamos a hablar de lo nuestro». Los dos se fueron directamente al notario a firmar el contrato que convirtió a Pelé en firma de la Agencia EFE.

Pelé cobró, efectivamente, 1.000 dólares por cada uno de los cinco artículos que escribió y en los que analizaba a los equipos participantes en el Mundial de México. Se publicaron durante el torneo y EFE los vendió, también por 1.000 dólares, a cada uno de los 40 medios de 40 países que los publicaron en exclusividad. «La agencia pagó 5.000 y ganó 35.000. Un éxito», resumió el autor de aquella operación.

Cuando se firmó el contrato, Eleuterio Romero pidió al más ilustre ciudadano del estado de Minas Gerais que posase para la foto y le sentó delante de una máquina de escribir.

«Le sugerí que dedicase un mensaje a la Agencia EFE para celebrar el acuerdo y le dije que, si quería, yo mismo podía escribirle el texto», relató años después el entonces delegado en Río.

Tomó un papel y escribió: «A la gran agencia de noticias española EFE, agradezco de corazón la oportunidad que me brinda de encontrarme por primera vez con la tarea del periodismo escrito en la lengua de Cervantes, que siguen deportistas en todas las partes del mundo…».

Pelé leyó la cuartilla con gesto de incredulidad, levantó la vista del papel, miró al hombre de traje y corbata que había escrito esas palabras y dijo: «¡De eso nada! La oportunidad se la doy yo a EFE». Puso los dedos sobre el teclado y escribió simplemente: «A los amigos de EFE…». Sin más filigranas ni más explicaciones. Porque un rey es un rey y tiene derecho a su propio discurso.

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