SAN JOSÉ – En una jornada electoral que redefine el mapa político del país, Laura Fernández se ha alzado con la victoria, convirtiéndose en la nueva presidenta de la República. Su triunfo no solo representa la continuidad del proyecto político de Rodrigo Chaves, sino que valida la estrategia de confrontación con la política tradicional que marcó su campaña y que ahora promete trasladar a una gestión con ambiciones de reforma profunda.
El triunfo del «rodriguismo» y la mayoría legislativa
La victoria de Fernández es, en gran medida, la ratificación de la popularidad de Rodrigo Chaves, quien culmina su mandato con una aprobación superior al 58%. Bajo la bandera del «rodriguismo», la ahora presidenta electa logró movilizar a un electorado que priorizó la estabilidad económica y el discurso contra la corrupción sobre las formas políticas tradicionales.
Sin embargo, el triunfo de Fernández no llegó solo. Durante toda la contienda, la mandataria electa insistió en que su presidencia necesitaba un respaldo total en la Asamblea Legislativa. Los resultados preliminares sugieren que el oficialismo podría alcanzar la mayoría calificada necesaria para impulsar las reformas estructurales que Chaves no pudo concretar, otorgándole a Fernández un poder de maniobra inédito en la historia reciente del país.
El respaldo de las cifras: una economía en ascenso
El mandato de Fernández inicia con un viento a favor generado por los indicadores económicos de la administración saliente.
Los pilares que sostuvieron su candidatura —y que ahora serán la base de su gobierno— incluyen un crecimiento económico del 5% y una gestión que logró reducir el desempleo a la mitad, pasando del 13% a cerca del 7%.
Con una inflación negativa y la pobreza situada en un 15,5% al cierre de 2025, la nueva presidenta asume el cargo con la promesa de profundizar estos logros. En sus primeras declaraciones tras la victoria, Fernández reiteró que su administración se enfocará en mantener la disciplina fiscal y en continuar la lucha contra las estructuras de los partidos tradicionales, a quienes señala como responsables del estancamiento previo del país.
Un nuevo capítulo político
Laura Fernández asume la presidencia con el reto de pasar de la retórica de campaña a la ejecución gubernamental. Con el «legado de Chaves» como guía y un posible control del Congreso, la nueva mandataria tiene el camino despejado para intentar la transformación del Estado que prometió a sus seguidores en el Metropolitano y en las zonas rurales del país.
Costa Rica inicia así una nueva etapa bajo el liderazgo de una mujer que ha demostrado que el carisma heredado y la solidez económica son, por ahora, la fórmula ganadora en el escenario político costarricense.


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